Desde la orilla en que esté, no debe olvidar que cuando se refiere a “su” país ideológicamente definido, está hablando de medio país, de una parte del territorio donde existe “otro lado” y otra manera de ver la realidad. Su creencia de “su” país como totalidad, es válida, importante que crea en ello, pero hay otro espacio que parece que ninguno de los dos extremos quiere aceptar y reconocer: el otro bando. Mitad no es igual a totalidad. Desde cualquier borde en que se encuentre no puede olvidar al otro extremo, donde viven personas diferentes a usted que habitan el mismo lugar geográfico pero piensan distinto. Creerse el cuento de que la mitad equivale al todo, es una tendencia casi psicótica de analizar su entorno, una forma evasiva de vivir en su cueva y golpearse cada vez que se asoma a lo diferente, porque cree que los demás no existen. Es un solo país con dos caras 13/13. Pero allí están y mientras no reconozcamos ese otro lado, no puede ser viable la convivencia. Aceptar el otro bando no es estar de acuerdo con ellos, no, pero si es aceptar que hay otras miradas para mi realidad y la de todos…

Escuchar a los políticos hablar de “su” lado y de los errores del otro extremo, es como ver a un individuo frente a un espejo mientras cuestiona lo que está viendo ¡él mismo! Por qué no lo ve. Por qué es tan complejo reconocerlo. Porque es allí donde la salud mental brilla por su ausencia. No se construyen puentes para encontrar equilibrio: por el contrario, parece que la mirada psicótica, (“mi” lado es la totalidad), es mas atractiva (y cobarde) que ver el panorama completo. Es perpetuar la división, ahondar la distancia. Si en el “otro” lado, el que no es suyo, usted considera que existen psicópatas, muchachitos con el cerebro tostado, violentos, corruptos, trate de aceptar que en su lado también los hay. Es un solo país con dos caras 13/13. Hay una nación pero tenemos dos conceptos intentando creerse la idea de que es uno solo, de allí el inmenso problema para aceptar el otro lado. La ira que genera esa diferencia es aterradora. Es un odio visceral, como si al reconocer el otro lado, se me fuera la vida, como si fuera un asunto de vida o muerte… Que psicosis colectiva tan desproporcionada. Que desastre el que se ha construido al creer que solo existe una sola opción para la condición humana… alguno podría catalogar este momento como el quiebre definitivo de la cultura patriarcal donde el uno debe dar paso a la multiplicidad. Este proceso se esta llevando a cabo desde hace unos 60 años, pero sin lugar a dudas que ahora tocó fondo, ahora se lo percibe en toda su dimensión. El uno, lo único, es cuestionado y esta actitud es insoportable. La pérdida del poder y del control definitivamente obnubila.

Lo complejo es mirar cómo nos engañamos creyendo que mi orilla es la válida y total… No es izquierda o derecha, son ambos extremos los que se engañan. No se construyen puentes sino zanjas, precipicios que distancian, alejando la convivencia. Hay que aprender que cualquier criterio, por serio y estructurado que sea, puede recibir otro punto de vista. Existen muchos saberes que no tienen aval científico y no son invalidos. Es el quiebre del uno para aceptar la diversidad. Hay desespero por imponer lo único, mientras el momento presente grita pluralidad. ¿Cómo aprender esta nueva asignatura, la diferencia, soltando el control y aceptando que todos debemos caber en el mismo territorio? ¿Por qué no existe un movimiento, una tendencia que proponga darnos la mano? ¿Por qué ahondar la brecha? ¿Por qué perpetuar el conflicto? No se puede olvidar: es un solo país con dos caras 13/13.

Gloria H. @GloriaHRevolturas
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