Enfermedad, vejez, muerte, son temas “poco” populares. Los tres conectados con la vida pero pareciera que si pudiéramos, se eliminarían. Para la mentalidad exitosa son referentes innombrables. Pero cada vez mas están mas cerca y, o si o si, hay que enfrentarlos. En especial la vejez termina siendo un tema “nuevo” porque las personas no vivían tanto tiempo y se morían jóvenes. Llegar a los 50 años era una hazaña. Sin embargo, hoy la vida se prolonga y abundan viejos y viejas en optimas condiciones bordeando 70 y 80 años. ¡Y mas!

Leí en las redes la “cuenta de cobro” que un papá le pasa a sus hijos, ambos profesionales, después de la muerte de su esposa. El hombre está solo, pareciera sin muchos recursos y se queja de las soluciones que les plantean sus hijos. No podemos olvidar que una cosa son las situaciones ideales y otra la realidad de la vida. El señor de mi historia no tiene hijas y pareciera que estuviera esperando que sus hijos se lo llevaran a vivir a sus casas. “Todo lo que les di, todo lo que hice por ellos…” como una factura que se debe devolver, es el reclamo del viudo. Despacio, despacio. Miremos del otro lado. Un profesional, su esposa, dos hijos adolescentes, en un apartamento de tres cuartos. Y el suegro ”desocupado”, posiblemente cascarrabias y reclamón, tratando de integrarse a esta nueva familia. ¿Fácil?

Repito, nadie esperaba que la vida se extendiera “tanto”, como tampoco se consideraba la opción de sostenimiento económico para personas que nunca ahorraron, responsabilidad que ahora asumen los descendientes. No se pensaba en ello… Además, es diferente un viudo a una viuda, por algo se ha detectado que en la calle no existen mendigas sino mendigos. Las mujeres construyen mejores redes de apoyo y compañía mientras que muchos hombres, machistas y llevados de su parecer, no lo hacen y terminan manejando una soledad sofocante. Por lo mismo, aunque no se puede generalizar, no es lo mismo acoger a un hombre viejo que a una mujer vieja. Sobre el tapete esta realidad que no es de fácil solución y que debe encontrar un equilibrio. Los padres no educamos hijos (esperaríamos que no) como una garantía para que “nos devuelvan” el favor y sirvan de soporte en la vejez. No se les puede colocar la carga de sus padres porque papá y mamá nunca pensaron en su futuro. Entonces, allí sí el reclamo del hijo “no te pedí que me trajeras a este mundo” sonaría  mas que obvio. Muchas familias consideran que el ideal es tener un clan, donde todos se involucren con todos y se de un apoyo irrestricto. Repito, no es fácil. El hijo o hija “calavera” o el conchudo, o la “buena vida”, no pueden convertirse en una carga culposa para el resto de la familia. Las dependencias, de cualquier índole (económicas, emocionales, afectivas) son nefastas. Construir independencia es lo mas cercano al respeto y a la salud emocional.

Hay alternativas sanas para enfrentar la vejez. ¿Hogares geriátricos, apartamentos especiales? Aunque crea que “falta mucho tiempo”, de pronto es mas rápido de lo que se cree. No todos los viejos son “amorosos”, tiernos y buena gente. A la vejez se llega con la maleta de frustraciones de toda una vida. Y créanme, algunos la tienen demasiado cargada. Y ni su mundo es fácil ni lo será para los que lo rodean. ¿Por ello ya piensa en su vejez?

Gloria H. @GloriaHRevolturas

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